LAS PARADOJAS DE LAS ENCUESTAS DE OPINIÓN

Vaya por delante que tengo unos conocimientos limitados sobre encuestas de opinión y mi capacidad para leerlas en profundidad es limitada. Además, es tan evidente la manipulación que algunos medios hacen de ellas que me he vuelto muy escéptico sobre su utilidad. 

Eso hace que habitualmente les preste poca atención. Pero esta vez la encuesta publicada por El País y la SER me ha motivado. Quizás por el respeto que tengo a la profesionalidad de Belén Barreiro y el equipo de 40dB. Quizás también porque, en un ejercicio de transparencia, se han publicado en abierto todos los datos. Una buena práctica que seria exigible a todos los medios, entre otras cosas porque una de sus funciones es aportar transparencia a lo que pasa en la sociedad y no resulta muy educativo aquello de “en casa del herrero, cuchillo de palo”. 

Sobre las proyecciones de voto solo se me ocurre decir que obviamente no anticipan el futuro. Dos años en política es una eternidad, mucho más cuando ni tan siquiera se sabe que candidaturas se van a presentar. 

En cambio, me ha interesado la parte en la que se indaga la opinión de la ciudadanía sobre las políticas y la acción de gobierno. Lo que viene a continuación son más interrogantes que opiniones (no las tengo nada claras) o respuestas (no tengo ni idea).

De entrada, constato algunas de las paradojas que ya destaca Belén Barreiro en su lectura de la encuesta. Quizás la más destacada sea que las mismas personas encuestadas que manifiestan una opinión positiva sobre las medidas acordadas por el ejecutivo de coalición, suspenden al gobierno que las adopta. 

Ante esta paradoja me atrevo a preguntar a los que saben si es posible que una de las respuestas esté en la incidencia que tiene en la construcción de la opinión pública la opinión publicada.

Siempre me han sorprendido -aunque cada vez menos- las contradicciones cuando se pregunta sobre la situación económica. Mientras las personas encuestadas responden que su situación económica personal es buena o muy buena, esas mismas personas consideran que la situación económica del país es mala o muy mala. Eso es tanto como decir que 12 manzanas, la mayoría lustrosas, cuando se juntan dan lugar a un cesto de manzanas podridas.  

Quizás seria interesante que además de preguntar a las personas encuestadas sobre el partido al que han votado, para relacionar opinión con voto, se les preguntara también sobre el medio o los medios a través de los cuales se informan. Tengo para mi que algo tienen que ver en esas paradojas las burbujas comunicativas en las que estamos instalados, que son cada vez más burbujas, más cerradas e impermeables. 

Otra de las cosas que ha llamado mi atención es la opinión que emiten las personas encuestadas sobre algunas de las medidas del gobierno. De entrada, tengo la intuición que el grado de conocimiento sobre una ley incide en su opinión, tanto como el grado de debate público que haya suscitado.

Mi interrogante en este aspecto versa sobre una hipótesis. ¿Es posible establecer una regla por la que, a menos conocimiento y debate público, la opinión es más favorable? Y viceversa. 

Sorprende la cantidad de personas que dicen conocer la Ley de Cambio climático. Tengo para mi que lo que muchas personas conocen es el loable objetivo de la ley, pero mucho menos su contenido. E intuyo que muchas de las personas que dan una opinión favorable a esta ley se van a manifestar en contra de algunas de sus medidas a la primera de cambio, sobre todo si se consideran afectados por ellas. Cosas de la vida y la condición humana a la que siempre hay que estar alerta. 

El tercer aspecto que me ha llamado la atención es la opinión que a los votantes del PSOE y Unidas Podemos le merece la acción de gobierno y algunas de las leyes aprobadas. Al parecer los votantes de UP se sienten más a gusto que los del PSOE con la acción de gobierno. Así los votantes de Unidas Podemos consideran que el gobierno está más cohesionado y que es más estable, dialogante, competente, receptivo e incluso cumplidor que los votantes del PSOE. 

Esa mayor valoración positiva se ratifica luego al valorar cada una de las medidas o leyes aprobadas. En general los votantes de Unidas Podemos tienen una opinión más favorable que los votantes del PSOE con relación a la subida del SMI, a los ERTES, al Ingreso Mínimo Vital. También con relación a la Ley de Eutanasia, de Cambio Climático. 

Pero lo que me llamado más la atención en este ámbito es la valoración menos positiva que se hace por los votantes de Unidas Podemos sobre la Ley de Reforma Laboral y especialmente de la de pensiones (los muy bien y bien no alcanzan el 50%)

Seguro que hay profundas y complejas razones sociológicas que explican lo que para mi es una paradoja. Intuyo que en las valoraciones emitidas inciden no solo los contenidos de estas, sino y sobre todo la manera en que han aparecido en el debate público. Eso explicaría que la subida del SMI es vista por los votantes de Unidas Podemos de manera especialmente favorable, quizás porque ha aparecido públicamente como una conquista propia frente a las resistencias del PSOE. 

Sobre estas paradojas me permito apuntar otras hipótesis no excluyentes, sino más bien complementarias. La primera tiene que ver con el papel que juega el trabajo, los trabajos, en el corpus político de Unidas Podemos. A pesar del esfuerzo de Yolanda Díaz me parece detectar que el trabajo no ha tenido en ese proyecto político la centralidad que corresponde a la intensidad de los conflictos sociales que genera ni a la procedencia de la mayoría de su electorado. 

La segunda hipótesis tiene que ver con el juego de las expectativas y los resultados. Eso es lo que a mi entender explicaría que leyes que benefician a muchas más personas y de manera más significativa, como la reforma laboral o las pensiones, reciben de los votantes de UP una opinión menos favorable. 

Parece lógico que si se promete la derogación integra de la reforma laboral del PP y luego consigues reformas muy significativas, aunque limitadas, todo te sepa a poco. 

Algo parecido puede suceder con la Ley de Pensiones que también parece saber a poco. Aunque ese “poco” sea la recuperación por ley de la clausula de revalorización de las pensiones -especialmente preocupante cuando la inflación ronda el 6%. O la derogación del factor de sostenibilidad del PP, que comportaba una reducción progresiva de las pensiones hasta llegar a una previsión de reducción del 3,95 % para los que se jubilen en el 2025 o del 10% menos para los que se vayan a jubilar en el 2036. Unos recortes de la pensión que afectaban especialmente a los jóvenes. 

Sobretodo porque esta Ley no solo recuperar derechos arrebatados durante el gobierno Rajoy, sino garantiza los ingresos suficientes para la estabilidad del sistema de seguridad social, por la vía de aumentar la aportación fiscal del Estado. Y también avanza en el reconocimiento de nuevos derechos. 

En este sentido esta encuesta creo aporta algunas enseñanzas políticas para el espacio de Unidas Podemos. La política requiere de emociones y de ilusiones capaces de movilizar, pero la política es también pedagogía. La indignación es una buena manera de canalizar la rabia social, pero es un estado emocional que se consume -en su doble acepción- rápidamente. Para transformar la sociedad hace falta mucha pedagogía organizada colectivamente. 

Y para transformar la realidad lo más importante es conocerla y entenderla bien. Para que no nos suceda lo que advertía lucidamente Ortega y Gasset “la realidad cuando se ve ignorada, se torna vengativa”. 

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